El menudo conductor creó una cuenta de Twitter en el patio trasero para eludir a la policía. Era, pensaba, el plan perfecto para despistarles: creó un bot cuyo propósito era mantener un constante flujo de actualizaciones en su cuenta, tiró un cable eléctrico hasta la caseta del perro, donde conectó el ordenador, y se dispuso a huir del país. 

Estaba convencido de que, cuando la policía viera que no había nadie en casa pero que seguía actualizando desde ella, quedaría desconcertada y no sabría qué hacer, quizás incluso buscara un escondrijo, perdiendo así valiosas horas que le permitirían escapar.

Por desgracia para él, la policía no era tan dependiente de la tecnología y, cuando se dieron cuenta de que no estaba en casa, se limitaron a preguntar a los vecinos si le habían visto. Uno de ellos les dijo que creyó haberle visto cargado de maletas, en dirección al aeropuerto. No les costó esfuerzo alguno detenerle y pasó muchos años entre rejas. Mientras tanto, el robot seguía actualizando su cuenta y consiguiendo seguidores desde la caseta del perro. Quién sabe, lo mismo desarrolló una mentalidad propia y todo.

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