Se acercan, han rodeado la casa. Saco la escopeta y disparo, primero al aire y luego al primero que se acerca demasiado. Pronto se desaniman y se van por donde han venido.

Suspiro y agarro el cadáver que han dejado abandonado. Lo arrastro hasta la casa y lo meto en la jaula para que mi niño bonito lo devore. Ojalá encuentren pronto la cura. Hasta entonces, seguiré protegiendo a mi hijo de los humanos que quieren matarle por si acaso se escapa y vuelve a propagar la epidemia zombie.

Sígueme en…

O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *