Mónica estaba cerca cuando su novio, creyéndola en la otra punta de la fiesta, dijo a sus amigos, con tono rimbombante, que no se casaba con ella porque no era ninguna sílfide y era su sino casarse con una. Después de años esperando una proposición de ese hombre al que en realidad no amaba, pero que tenía la llave para solucionarle la vida, fue un golpe muy duro, pero se sobrepuso con rapidez.

Se las arregló para dejarle esa misma noche de la forma más elegante para ella y más humillante para él, del modo más retorcido que se le ocurrió. Eso le dio fama de buena estratega y llamó la atención de un hombre tan retorcido como ella, que buscaba una mujer fuerte e inteligente que le plantara cara cuando fuera necesario.

Comenzaron a salir por pura conveniencia, pero el respeto mutuo derivó en algo más sólido. Ambos despreciaban el amor y se negaban a poner ese nombre al sentimiento que les rondaba pero, a pesar de ello, cuando él le propuso matrimonio tenía el corazón en el puño y ella dijo que sí sin pensarlo y sin hacer ningún tipo de cálculo.

Sígueme en…

O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *