Todo comenzó con un coqueteo inocente. Era un hombre guapo, no pude evitarlo, me salió solo. Pero la forma en la que él respondía a ese coqueteo hizo que, poco a poco, fuera subiendo de tono. Pronto, estaba tan cachonda que ni siquiera pensé en mi prometido cuando nos enrollamos en el baño. Luego, él desapareció y yo me quedé ahí, hundida en los remordimientos.

Cuando se lo confesé a mi prometido, le dolió, aunque dijo que me perdonaba. Lo dijo, porque yo noté que no lo había hecho y nuestra relación se deterioró.

Acabamos por cortar y, deprimida, volví al bar donde había conocido a mi amante de una noche. Ahí estaba, tonteando con esa chica. Seguramente, ella también había comenzado con un coqueteo inocente. No podía dejar que a ella también le arruinara la vida. ¿Alguien me puede culpar por coger ese cuchillo y apuñalarle hasta acabar con él?

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Portada del relato Un coqueteo inocente, con unos zapatos rojos

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