Cuando murió atropellado, le tocó elegir otra vez cuál sería su próxima vida. Esta vez, se lo pensó mucho.

Tres encarnaciones atrás, había caído en el error de pensar que siendo rey se daría la gran vida. Al final,  la rigidez del protocolo, el miedo a que atentaran contra él y la gente interesada que le rodeaba habían hecho que fuera una de sus existencias más infelices. Luego había cometido otro error eligiendo el lado opuesto, la extrema pobreza, pero era imposible sentirse pleno si no tenías más que un tazón de arroz para comer cada día, si es que lo tenías. Su última encarnación, una mujer de clase media, había sido bastante aceptable en comparación, pero tampoco era para echar cohetes y, de todas formas, no se podía repetir.

Así pues, tras mucho pensarlo, decidió que estaba harto de ser humano y, al pensar en lo bien que había vivido su gato, eligió esa existencia. Se le olvidó especificar que lo que quería era ser un gato casero. Cuando se percató de ese error, ya era tarde: le esperaba una vida dura, en las calles, luchando con sus semejantes por el mejor territorio y huyendo de los humanos.

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Dados que inspiraron el relato: plato de arroz, corona, coche, gato
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