Necesitaba una fotografía de carnet urgentemente, pero no iba a ser nada fácil.
Primero fui al fotomatón, pero me encontré con que la pantalla estaba cubierta por una repugnante masa gelatinosa que no estaba dispuesta a retirar. Así que me fui a la tienda de fotos y me encontré con que estaba cerrada por vacaciones.
Al chino se le había estropeado la cámara y tampoco pudo sacármela, así que decidí ir a casa e imprimir aunque fuera una de las fotos que tengo con las amigas, enfocando solo mi cara. Pero no funcionaba internet y no tenía las fotos guardadas en el ordenador.
Corrí a casa de una de mis amigas, que resultó haber salido, y finalmente, derrotada, no tuve más remedio que coger el coche e ir a casa de mis padres, que daban una comida familiar de la que había hecho lo posible por librarme, para imprimirla desde allí.
Al fin logré sacarlas, después de una larga y aburrida comida, y abrí la cartera para guardarlas. Solté una maldición al ver en ella un par de fotos de carnet que había guardado para imprevistos tiempo atrás.
Este es el ejercicio de consigna de Adictos a la escritura de noviembre de 2011. La consigna era fotografía.
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