Hace unos meses puse en marcha un Club de Lectores, que no un Club de Lectura. El Club de Lectores marca una diferencia fundamental: se habla de libros, en general, no de un libro en concreto.
Soy reacia a los clubes de lectura precisamente por eso. Tengo cientos de lecturas pendientes, muchas con compromiso de reseña por mi parte, y me cuesta encajar un libro más que, además, no necesariamente me apetece leer. Aun si me apetece leerlo, tengo que forzarlo para llegar a tiempo retrasando otras lecturas y me arriesgo a aparecer en la reunión con el libro a medias y llevarme todo tipo de spoilers. Por no hablar de que hay novelas que, tras leerlas, te dejan tan indiferente que hay poco que decir.
Los clubes de lectura están muy bien para las librerías y las editoriales, porque implican una venta segura, pero no eran lo que buscaba cuando decidí abrir un club. Lo que yo buscaba era un espacio seguro donde hablar de libros y encontrarme con gente a la que la lectura le apasionara tanto como a mí. Un lugar seguro donde hablar de qué estamos leyendo, qué libros nos han calado y recomendamos, de noticias del mundillo literario…
He repetido dos veces la palabra seguro adrede. Por supuesto que hay otros espacios donde hablar de libros, he estado en muchos grupos, e incluso eventos presenciales, de ese tipo. El problema es que hay un montón de escritores, editores y hasta blogueros que se inscriben a ellos en manada y se dedican a plantar su spam en la conversación hasta que acaban matándola.
Al final, llega un momento en que los verdaderos lectores nos hartamos, silenciamos las notificaciones y el grupo se queda como un muro de spam literario más al que nadie hace caso. En el caso de los eventos, los verdaderos lectores cada vez se van desmotivando más hasta que la proporción de asistentes se invierte y los que solo quieren ir a hablar de libros, no de su libro, son una minoría. Una pena, y todo por un absurdo intento de intentar arañar alguna venta (cosa que dudo que se consiga atosigando a la gente, de todos modos).
Por esto, en el Club de Lectores solo hay tres normas:
- Ser respetuoso con las opiniones de los demás y con el trabajo ajeno
- Si eres escritor, no puedes hablar de tu libro
- Si eres bloguero/bookstagramer/tiktoker o cualquier tipo de «bookfluencer», no puedes dar la matraca con tu blog/IG/TK o plataforma
Como la base es un grupo de Telegram (al que se puede acceder por este enlace), es fácil controlar que se cumplan las normas: si alguien las incumple, queda expulsado del grupo.
Por otro lado, aunque la idea original era que todo fuera presencial en Madrid con un grupo de Telegram para organizarnos, hubo gente de otras localidades, e incluso de otros países, que manifestaron su deseo de estar en una comunidad así, de modo que decidí abrirlo a todo el mundo. Creo que fue una buena decisión porque, aunque no puedan estar presencialmente, aportan vida a la conversación online.
En definitiva, estoy muy contenta con el Club de Lectores, tanto con el grupo online como con la reunión presencial (de momento, hicimos solo una, pero vendrán más). Somos pocos (ya crecerá), pero hemos encontrado nuestro espacio de conversación con gente afín que va sin ganas de vender. Alguna cosa hay que pulir, pero voy a seguir apostando por ello.

Me alegro por vosotros. Que siga fluyendo. Felices fiestas.