Hace poco, una persona me dijo por Twitter que no sabe cómo encajarme. No entendía mucho la pregunta, hasta que me dijo que los libros que estoy leyendo y que voy compartiendo en mis redes sociales eran muy diferentes entre sí y de géneros radicalmente distintos, y que no sabía si encajarme como lectora de fantasía, de romántica, de suspense, de histórica, de ciencia ficción…

Yo le dije: me puedes encajar como lectora, a secas. Pero simplemente le explotaba la cabeza porque necesitaba asociarme a un género y, de esa forma, a todos los estereotipos que lleva implícitos.

Y es que es increíble, incluso en este mundillo, lo mucho que se juzga a una persona en función a los libros que lee. De esta forma, formamos estereotipos de lector en función del género que está leyendo, y sin pararnos a pensar atribuimos a esa persona ciertas características.

Dos de los géneros que más sufren estos problemas (sobre todo porque lo que se asocia no siempre es positivo) son el romántico y el fantástico, aunque impregna muchos más.

Pobre de la persona que esté leyendo un libro de fantasía rodeada de gente intolerante y de círculos snobs: le mirarán como a un bicho raro y ya llevará el estigma del friki durante toda su vida. Conocí gente que no se atrevía a ir con sus libros de fantasía a la universidad o a lugares más o menos públicos, y que de hecho tiene sus tomos escondidos en las partes menos visibles de sus estanterías, no vaya a ser que les visite alguien y se den cuenta de que no son “normales”.

Desde que se popularizó Juego de tronos, esto se ha suavizado, pero sigue pasando más veces de las que una podría esperar. Y te encuentras esos prejuicios en la gente más inesperada.

Cambiando de género, más de uno he encontrado que tiende a considerar que los que leen ciencia ficción son gente que generalmente se dedica a las ciencias y que son más bien inteligentes aunque raritos y tímidos.

Y los que leen cómics todavía son asociados en algunos círculos al estereotipo de personas infantiles, a pesar de que ha quedado demostrado que este formato aguanta grandes niveles de profundidad e historias de todo tipo.

Pero, si el género fantástico es un nido de estereotipos, el género romántico es un auténtico tabú. Incluso ahora que ya se ha normalizado el género desde el boom de Cincuenta sombras de Grey, salvo por algunas autoras best seller, las novelas románticas suelen estar escondidas en las estanterías del fondo de las librerías, e incluso en las Ferias del libro no suelen ser lo que predomina en la zona más visible de los stands. Os invito a hacer la prueba: tiene que ser romántico puro, no una mezcla o una novela que se de un aire chick lit. Con las novelas románticas juveniles tampoco es tan cantoso.

Un día, hablando con una librera de segunda mano (ellos sí tienen a la vista sus libros románticos: no en vano son los que más compran las clientas), me dijo que la mayor parte de las mujeres que compran ese género, sobre todo si van a pillar uno de las antiguos (con portadas espantosamente cursis), miran de un lado para otro, no sea que alguien las vea comprar esas novelas. Así, sin más, como cuando en las películas alguien va a comprar condones y le da vergüenza. Tampoco se quedan mucho rato junto a la estantería de romántica, sino que cogen lo que quieren con prisas.

Todavía sigo viendo gente que forra sus libros en el transporte público. Algunos lo hacen por proteger la novela, pero la mayoría lo hace porque están leyendo algo de un género al que no desean ser asociados y no quieren que se sepa.

Yo misma, sin ir más lejos, noto miradas clavadas en mí cuando llevo algún libro romanticón, o juvenil, o de fantasía (sobre todo si son portadas antiguas). Por no hablar de los comentarios como: “no puedo creer que leas esa bazofia” y las miradas de desprecio al pobre ejemplar que llevaba en mis manos cuando llegaba a la universidad, e incluso al máster. En el mundo laboral ya se moderan un poco más, pero las cejas alzadas de algunos son inconfundibles.

Una pena que la gente tenga tantos prejuicios, cuando son géneros que adoro y que tienen muchos buenos títulos. Pero bueno, como ya estoy acostumbrada, a mí me da lo mismo. En cualquier caso ¿por qué está tan mal visto leer libros de romántica, o de fantasía, o de ciencia ficción, y luego está bien visto ir al cine a ver películas empalagosas, o aventuras fantasiosas en mundos extraños o el espacio? En fin, cosas de la sociedad.

Como ya he dicho, estos son los géneros más cantosos, pero hay muchos más estereotipos. Por ejemplo, la gente tiende a pensar que si lees ensayos eres un intelectual. Nada más lejos de la realidad. Un ensayo no es más que una opinión argumentada que (debería) está basada en datos objetivos. Debo decir que he leído muchos y no me siento más inteligente por ello.

También se asocia el ser un intelectual a los textos clásicos. Gran bobada. Que leas a Aristóteles no significa que seas más listo o que sepas más. Aristóteles decía cosas inteligentes, pero también muchas burradas, como todos. Hay que leerlo en contexto y con criterio propio; asimilarlo sin más e ir citando sin saber lo que dices no te hará más profundo, solo más tonto.

Y la ficción clásica es sólo eso, ficción escrita hace tiempo. No por leer una comedia del siglo XIX vas a ser más listo que por leer una comedia del siglo XXI. Eso sí, si no está adaptada a lenguaje moderno, a lo mejor tienes un vocabulario más extenso.

También se considera gente moderna a los que leen libros de ciertas editoriales que publican novelas de corte indie, o de autores como Murakami o Paul Auster.

Pero, ¿sabéis qué? Que yo leo todo eso y más, y no soy ningún Frankenstein de estereotipos. Leo lo que me apetece leer, y de hecho me gusta cambiar de género a menudo. Así que lo mismo me ven un día leyendo un libro indie experimental, otro leyendo un romance histórico, al siguiente una fantasía, al próximo un clásico histórico, luego un libro de ciencia ficción y después un ensayo. Y, si a alguien le supongo un problema por no poder catalogarme por los libros que leo, quizás el problema lo tenga él.

Y vosotros ¿conocéis más estereotipos de género? ¿Lo habéis sufrido en vuestras carnes? ¿Cómo habéis reaccionado si os ha pasado?

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