El otro día, conversaba con una amiga sobre un libro que estaba leyendo y me dijo:
—Es El señor de los anillos. Es decir, no es ese argumento exactamente, pero la mayoría de los personajes están calcados, y la ambientación también. Creo que ha intentado hacer un homenaje… y se ha pasado.
Tras desgranar un poco más lo que se estaba encontrando, concluimos que no era un homenaje. Simplemente era una autora novel que no había leído ni escrito lo suficiente como para que se diluyeran sus influencias.
Esto nos llevó a una conversación sobre las referencias y los homenajes en los libros, sobre todo en los de género fantástico.
Por supuesto que hay una serie de libros que han influido poderosamente en lo que vino después, por no hablar de que hay estructuras y tropos narrativos en los que resulta difícil no caer. Es inevitable que al autor se le cuelen cosas de los escritores que le han marcado. No olvidemos la primera muerte del autor, de la que ya hablé en este artículo.
El problema viene cuando el libro se convierte en un refrito de todas esas referencias sin que el propio autor sea consciente de ello, porque al final te quedas como mi amiga: con la sensación de que estás leyendo una mala copia del original.
Creo que a un buen escritor se le reconoce porque es capaz de escribir una historia en la que sus referentes se han diluido dentro de su estilo personal. En esos casos, cada una de esas influencias suma algo a lo que aporta el propio autor. Caminan a hombros de gigantes, no intentan convertirse en el gigante imitando lo que este hizo en el pasado.
También creo que es brillante cuando es capaz de incorporar esas referencias adrede y de forma reconocible dentro de una historia completamente original, como homenaje a sus referentes y guiño a los lectores del género. Esto se ve muy bien en algunos libros que he leído recientemente, como El imperio del vampiro o Reyes de la Tierra Salvaje.
La clave, creo, reside en leer mucho y escribir mucho. En encontrar tu propia voz sin intentar emular la de otros, pero sin ignorar lo que otros pueden aportar. Es un equilibro que tengo muy en mente cuando me pongo frente al teclado. Todavía me queda mucho por mejorar, pero seguiré esforzándome por caminar a hombros de gigantes.
