DE QUÉ VA: La División de Antimemética combate enemigos que se auto-ocultan, que no se pueden recordar y cuyos registros acaban por desaparecer. Si desvelar la existencia de una de ellas supone la aniquilación del que la descubre, la única manera de protegerse es olvidando. ¿Y cómo combatir a un enemigo al que no puedes recordar?
★★★★★
RESEÑA: Este libro son todo sorpresas desde el primer momento, así que es difícil hablar sin chafar algo.
El trabajo de Marie Quinn y su equipo es peliagudo: tienen un enemigo capaz de borrarse de la percepción y de la mente, si averiguas su existencia te mata, pero hay que pararlo pues cada vez impregna más la realidad.
El lector tiene que esforzarse con este libro repleto de saltos temporales, información velada y vacíos de memoria que hay que recomponer. Aun así, no se hace difícil leerlo, al contrario: es muy ágil y engancha. Lo devoras mientras organizas la información internamente.
Cada capítulo tiene una historia autocontenida. Es un puzzle en sí misma, y a la vez forma parte de un patrón más grande y complejo. Este, a la vez, es otro puzzle de mayores dimensiones. Cada fragmento te vuela la cabeza, te parece brillante y te genera un runrún incómodo. Juega con la memoria y la percepción de los personajes, no puedes dar nada por sentado.
Cuando vira hacia el terror cósmico, sube incluso más el nivel de abstracción. Ahí puedes dudar, pero las miguitas de pan a lo largo de los capítulos al final tienen un sentido y una resolución satisfactoria.
Vamos, que me ha flipado. Un pasapáginas muy recomendable.

Título original: There Is No Antimemetics Division
Traductor de mi edición: José Óscar Sendín
320 páginas
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Reseña original de La división de antimemética no existe
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