En 1916, el excéntrico magnate George Fabyan contrata a Elizebeth para que ayude a su experta a encontrar los mensajes secretos de las obras de Shakespeare. Allí conoce a William Friedman, un científico judío que se convertirá en su marido y compañero de codificación.

Cuando la I Guerra Mundial hace necesarias sus habilidades de descifrado, la pareja se vuelca en descifrar los mensajes secretos que les manda el ejército, siendo pioneros en la ciencia de la criptografía.

Este libro de no-ficción, basado en la amplia documentación que dejó la pareja, se lee como una novela, ya que se usan todos los recursos de un buen narrador.

Reivindica una figura clave en las Guerras Mundiales y la lucha contra los contrabandistas y las mafias durante la ley seca. Ella es el germen de la criptografía moderna: enseñó a descifrar código y montó los equipos de las primeras agencias de inteligencia, descifrando varias versiones de Enigma y contribuyendo a la caída de los nazis tanto o más que Turing.

Su vida corre paralela a la de su pareja, William, que sí que es más conocido por los esfuerzos de la propia Elizebeth por mantener vivo su legado. Ella siempre asumió un papel secundario porque no le gustaba estar bajo los focos (y Edgar Hoover se apropió de muchos de sus logros), pero ambos eran igual de brillantes y fueron padres de la criptografía

La historia de amor de la pareja es preciosa y William siempre reconoció, potenció y pregonó el genio de su esposa, algo que también pasaba a la inversa. Su romance superó todos los obstáculos, incluyendo la distancia y los secretos confidenciales de sus estresantes trabajos para distintas ramas del gobierno, que provocaron problemas de salud mental en William.

Conocemos a la pareja desde su estancia en la finca de Fabyan, un excéntrico millonario, autoritario y controlador, y les acompañamos en su vida, con unos caminos laborales que pronto se separan en dos trabajos para distintas ramas del gobierno (él descifrando los códigos japoneses, ella desmontando las redes nazis de Sudamérica), que no pueden compartir con su otra mitad por su naturaleza confidencial.

Descubrimos sus momentos de éxito, su familia y sus momentos más bajos y de mayor estrés, que en el caso de William llevaron a una depresión. Elizebeth le apoyó y acompañó siempre, aun cuando ella tenía sus propios problemas. Luego, tras ayudar ambos a ganar la II Guerra Mundial descifrando código supuestamente indescifrable, la guerra acabó y la pareja se adaptó y preparó su legado para el futuro, fieles y enamorados hasta el final.

En definitiva, es una historia increíble que debería estar más difundida, no solo por el romance, sino por la genialidad de sus protagonistas y su contribución a la criptografía, ciencia de la que también aprendemos. Muy recomendable.

Reseña del libro sobre historia de la criptografía La mujer que rompió los códigos, de Jason Fagone

505 páginas

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Reseña original de La mujer que rompió los códigos en Anika entre libros

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