DE QUÉ VA: En un mundo cuyos habitantes son procreados in vitro en una cadena de montaje y todo el mundo es feliz gracias al condicionamiento y la soma, una droga legal sin efectos secundarios, Bernard Max, un hombre insatisfecho, suspira por Lenina y la invita a unas exclusivas vacaciones en una reserva de salvajes. Pero allí encuentran a una mujer civilizada que se perdió hace tiempo… y a su hijo.
Reseña de Un mundo feliz
★★★★☆
RESEÑA: Esta es la segunda relectura de un libro que me impactó mucho en su momento. Sigue teniendo cosas tan potentes que nunca es mala idea revisitarlo.
Sí, reconozco que tiene algunas partes más densas (especialmente cuando ya lo has leído, como es mi caso) y que la estructura a veces es un poco desastrosa. Pero es tan alucinante cómo conjuga todas las piezas, y tiene imágenes tan impactantes, que no dudo en recomendar su lectura.
Se nos presenta una sociedad donde casi todo el mundo es feliz. Han sido creados físicamente preparados para su trabajo predestinado, y condicionados desde pequeños para estar no solo conformes, sino satisfechos, con dichos trabajos. Consumen felizmente como les han programado, se entregan al sexo tal y como se espera de ellos… Y si todo eso falla tienen su droga legal y sin efectos: la soma.
¿El problema? Que para conseguir eso se ha tenido que renunciar al arte, al pensamiento crítico, a la individualidad, a la religión… En definitiva, a todo lo que nos hace humanos pero genera inestabilidad social. Y, cuando algún individuo muestra tendencias hacia esos ámbitos, se le aísla socialmente y se le expulsa.
Uno de esos inconformistas es Bernard, un personaje bastante odioso, pero muy humano, que sufre el estigma de ser más bajo que el resto de hombres de su casta y no tiene ningún éxito con las mujeres. Solo tiene un amigo que le entiende (y que está tan al filo de la navaja como él), pero es incapaz de renunciar a su individualismo aunque anhela integrarse.
Solo la promesa de unas vacaciones diferentes en una reserva de salvajes no civilizados consigue que Betina acepte ir con él. Pero, una vez allí Bernard encuentra una forma de volverse popular al regresar: será el acompañante del salvaje que ha nacido (un auténtico tabú en un mundo donde todos son gestados in vitro) de una joven civilizada que se perdió en la reserva tanto tiempo atrás y que ahora es, para todos, un monstruo.
El choque entre el salvaje y la civilización de la que tanto le había hablado su madre es tremendo. El chico se crió en un entorno de superstición, donde el sexo es tabú (todo lo contrario al mundo «civilizado») y donde la vida fue especialmente dura para él por ser diferente. En ese nuevo mundo, tampoco encaja y se ve exhibido como un mono de feria por Bernard, al que se le sube a la cabeza tanta popularidad. El conflicto está servido.
No voy a decir nada que destripe lo que pasa, pero guau, el final me marcó. Y me hubiera gustado conocer más sobre el destino de Bernard, un desarrollo ahí hubiera sido soberbio. La novela es impresionante, no lo dudes, léela.

Sígueme en…
O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.


Descubre más desde Déborah F. Muñoz
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

