El otro día, en una conversación cotidiana, una chica me dijo:

—Qué envidia, tú lees un montón. Yo no tengo tiempo para leer.

—Un momento —le respondí—. Hace un rato has dicho que vives superlejos de tu trabajo y pasas muchas horas en transporte público. ¿Por qué no lees ahí?

—Bueno, es que en transporte público me gusta mirar las redes sociales y a veces avanzo con mi serie de Netflix.

Ahí estaba la clave. No es que no tenga tiempo para leer. Es que durante el tiempo del que dispone prefiere hacer otras cosas.

Y no es un caso aislado, me lo encuentro frecuentemente. Amigos que te dicen que no tienen tiempo para quedar pero que hacen maratones de series los fines de semana. Un compañero que dice que no tiene tiempo para reciclarse y que luego pasa parte de su jornada laboral consultando las redes sociales (tiempo que emplearía más sabiamente formándose). Un bloguero que se lee muchos libros al mes pero se queja de que no tiene tiempo para escribir una novela (lo tendría si bajara el ritmo de lectura). Un conocido que suspira con pesar porque no tiene tiempo de cocinar pero se pasa el fin de semana en el centro comercial.

Cuestión de prioridades

En la mayor parte de los casos, decir que no tienes tiempo es poner excusas. A no ser que seas un pluriempleado o tengas una situación familiar o personal muy complicada por las que la única forma de tener un poco de ocio sea quitarle horas al sueño, el occidental promedio puede rascar varias horas de ocio diario entre semana, y más en fin de semana. Al final, se trata de lo que hacemos durante esas horas, de nuestras prioridades.

Como comenté en esta entrada sobre cómo elegir la próxima tarea, el tiempo es limitado y tenemos que elegir y establecer prioridades. El problema viene cuando no somos conscientes de que hemos priorizado algo que nos apetece menos que lo que estamos haciendo. Por eso es interesante hacer el ejercicio de preguntarnos si es realmente necesario hacer todo lo que hacemos.

Después de hacer el ejercicio, la chica que mencioné sigue con sus redes y sus series en transporte público sin leer más, pero el bloguero ha empezado a escribir su novela leyendo menos. Ella ya no se queja de que no tiene tiempo para leer (al menos delante de mí) y él está muy contento con su proyecto, aunque lea menos libros. Están satisfechos porque han elegido y han tomado el control de su tiempo de ocio.

En definitiva

Si tienes otras tareas en marcha y por eso no puedes hacer la que dices que no tienes tiempo para hacer, «no tengo tiempo» puede ser una excusa que en el fondo significa «hay otras cosas que te interesan más»… O puede ser que no hayas hecho una elección consciente de cómo abordas tu tiempo. La mejor forma de empoderarse es hacer esa reflexión y elegir sabiamente.

El método completo de gestión del tiempo…

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