Es la clásica queja de los lectores y sí, últimamente se suben a la parra, sobre todo con las ediciones especiales y movidas de cosas. Pero hay muchas razones para explicar por qué los libros son tan caros. Intento desgranar las más importantes aquí.

Hay que repartir entre muchos actores

En la elaboración de un libro intervienen muchos: autores, traductores, correctores (lamentablemente, cada vez menos), lectores profesionales, editores, imprenta, distribuidora, librerías…

Todo el mundo sabe que el autor no se lleva demasiado de la venta de sus libros (entre un 8 y un 12% del precio de venta en casos excepcionales). La parte del pastel que más se lleva es la distribución (librerías + distribuidora), con alrededor del 45-50% del libro. Y la editorial se lleva el resto. Eso sí, tras descontar el coste físico del ejemplar (cuanto mayor sea la tirada, más barato) y otros costes que implican a toda la gente que hay que pagar para que el libro salga). Ah, y los impuestos. No los olvidemos: 4% de IVA en libros físicos y 21% en los digitales.

La distribución: lo más sangrante

La distribución es, básicamente, hacer llegar el producto, en este caso el libro, al consumidor. Vamos, que las librerías también se meten en el saco, no sólo las distribuidoras. Entre ambas, se llevan, como ya he dicho, alrededor del 45-50% del libro.

Luego, de ese porcentaje una librería de las pequeñitas se lleva alrededor del 30% y el resto se lo lleva la distribuidora. Cuando la cosa cambia de verdad es cuando nos ponemos a hablar de cifras en grandes superficies (Fnac, Casa del libro, El corte inglés y demás). Se suelen quedar un porcentaje mucho mayor que una librería pequeña.

Que a ver, lo piensas y parece mucho, pero las librerías tienen que pagar personal, y un local, y tienen muchos gastos.

No hay que ser un genio para deducir que los grandes entre los grandes tienen sus acuerdos con distribuidoras y puntos de venta para que los costes no se les disparen tanto. Sólo por volumen de facturación, por su imagen consolidada y por sus fichajes tienen la posición perfecta para entrar en este tipo de negociaciones y salir bien parados. Algunas hasta tienen su propia distribuidora y cadenas de librerías, así que imaginad.

Otras cosas que hay que tener en cuenta es que las distribuidoras tienen ciertas exigencias bastante sangrantes. Por ejemplo, una tirada mínima que ronda los 600 ejemplares (creo que el número sube si nos ponemos a hablar de grandes superficies). Un rollo: en un mercado tan saturadísimo de novedades, nada te asegura que el libro no acabe quedándose en una caja del almacén. Ni siquiera las grandes superficies tienen espacio para sacar a la tienda todas las novedades, mejor no hablar de libros menos recientes. Esto obliga a la editorial a tener más gastos. Pero hay algo aún más sangrante.

Las devoluciones

Si conoces el sistema y lo piensas en frío, es una mierda para las editoriales. Los libros que ves en las librerías no los han comprado las librerías. Están en depósito. Si las librerías no los venden, pueden devolvérselos a la distribuidora de la editorial. Eso quiere decir que, cuando pensaban que tenían una cantidad x de libros vendidos, y a veces tras pagar derechos al autor por esas cantidades… resulta que esos libros no estaban vendidos. Una pesadilla para el flujo de caja. Y para el almacenaje, si nos paramos a pensarlo.

Vamos, que la editorial tiene que imprimir a veces más de lo que puede ser prudente para tener la oportunidad de llegar a las librerías, pero incluso si lo consigue se arriesga a pensar que ha vendido cuando en realidad no lo ha hecho. Necesita cierto margen para cubrir esas contingencias.

Otro factor: la ley del libro

 Ahora toca hablar sobre otra de las razones por las que los libros son tan caros. La Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas. Especialmente de su artículo 9, cuyo punto 1 os copio a continuación:

Toda persona que edita, importa o reimporta libros está obligada a establecer un precio fijo de venta al público o de transacción al consumidor final de los libros que se editen, importen o reimporten, todo ello con independencia del lugar en que se realice la venta o del procedimiento u operador económico a través del cual se efectúa la transacción.
El precio de venta al público podrá oscilar entre el 95 por 100 y el 100 por 100 del precio fijo.

Bueno para los libreros pequeños…

Lo primero, y para hablar sobre todas las partes implicadas… ¿Por qué surge esta disposición? Básicamente, porque los libreros más pequeños no pueden permitirse competir contra los grandes libreros en una guerra de precios. Sin la ley, la estrategia de las cadenas de librerías es evidente. De entrada, tienen ventaja sobre los pequeños porque se llevan sólo un 30% y las cadenas un 10-15% más gracias a sus acuerdos con las distribuidoras. Así que la cadena baja los márgenes de beneficio hasta el 30% poniendo el precio más bajo. Ahora la librería pequeña tiene los precios más altos, de modo que para evitar perder clientes rebaja su margen para igualar esos precios. Y la cadena sigue bajando su margen hasta que la librería pequeña se queda sin ninguno (mientras que ellos siguen teniendo un poco) y se hunde. Tan sencillo como eso.

Con la ley, no pueden hacer eso. Tienen más margen, pero como no pueden bajar el precio del libro más de un 5%, no pueden entrar en una guerra de precios que lleve a la ruina a la librería pequeña. Por supuesto, tienen otras ventajas aparte de un margen de beneficio superior. La situación planteada es demasiado idílica. Cualquier gran superficie siempre tendrá más espacio en la tienda que una pequeña, y por tanto más variedad, por ejemplo. Pero ese es otro tema.

Malo para los lectores…

Pero ahora pasemos a la otra parte implicada, que es la que nos interesa. El consumidor. Evidentemente, con esta ley se ve completamente perjudicado. No sólo por la guerra de precios que se generaría con las librerías más pequeñas. Especialmente por la guerra de precios que se generaría entre unas grandes superficies y otras. Porque las situaciones en las que se fija el precio libremente casi siempre tienen como consecuencia una bajada de precios, salvo (ilegales) acuerdos entre los principales competidores.

Voy más allá. Si empezara a darse una situación de ese tipo, las librerías comenzarían a priorizar los libros de las editoriales que les dieran más margen de beneficio dándoles espacios preferentes a la hora de colocarlos… Y las editoriales buscarían la forma de bajar sus precios para que no priorizaran a su competencia (y aquí tenemos a otros beneficiarios indirectos de esta ley: los editores grandes). El equilibrio llegaría, según estimo, con un nivel de precios entre un 10 y un 20% más barato. ¿Por qué en inglés los libros son más baratos? Por eso, porque no tienen una ley de precio fijo.

En definitiva, al poner un precio mínimo, la ley evita esa bajada de precios. Perjudica al consumidor pero «salva» a los libreros y editoriales menos competitivos.

¿Saturación del mercado? Mejor hablemos de apuestas

Pensémoslo un momento. Los grandes tienen una clara ventaja gracias a las economías de escala (eso significa, básicamente, que cuanto más cantidad produces más barato te sale producir) y a la hora de negociar sus condiciones con proveedores y vendedores. Por no hablar de que están tan bien posicionadas que, ante dos novedades similares, el comprador probablemente se decantará por ellos. 

¿Por qué entonces sus precios son similares, o incluso superiores, a los de editoriales pequeñas o medianas? 

Bien, primero la razón obvia… ¿quién va a vender el libro a 15 si puede colocarlo a 20? Y ahora la razón no tan obvia. Las apuestas. Es de todos sabido en el mundillo del cine que las productoras saben a ciencia cierta que, de todas sus películas, la gran mayoría supondrán un fracaso estrepitoso, algunas apenas cubrirán costes y muy pocas serán tan exitosas que no sólo compensarán el fracaso de las otras, sino que darán grandes beneficios. Hay una proporción y todo, que ahora mismo no he encontrado, aunque creo que rondaba el 60-30-10, respectivamente. A esto se le llama diversificar el riesgo. Es una regla que se aplica a muchos otros ámbitos: desde las inversiones financieras… hasta el mundillo editorial. Y en España está especialmente agudizado. 

Primero los datos, por supuesto. Nuestro país es uno de los que más títulos publica al año. Unas cifras que dan miedo, tanto más si comparamos con la población total y ya ni os cuento si lo comparamos con la población lectora. Según datos oficiales, las editoriales grandes (que son minoría) tienen un alrededor del 40% de los títulos y sobre el 60% de los libros totales (porque tienen más tirada media). Es decir, que un porcentaje reducidísimo de las editoriales sacan a la venta más de la mitad de los libros que hay en el mercado y casi un 40% de los títulos nuevos. 

Puede parecer extraño, y más si lo miramos en proporción al número de habitantes. ¿Para qué tanta variedad, tanto libro que se va a quedar sin vender? Pero si lo planteamos desde la lógica de la diversificación de riesgos, tiene todo el sentido del mundo. Cuantos más libros publique una editorial, más probable que se encuentre con el filón que hará brillar su cuenta de resultados. Y, dado que tiene que cubrir no sólo su coste, sino además el de los demás fracasos y encima dar grandes beneficios… el precio tiene que ser más alto. Es decir, que los precios de los libros no sólo se calculan en base al coste de ese título concreto, sino que incluyen el coste del resto de títulos que se sabe que van a fracasar. 

Pero, además, estos libros que no hacen brillar la cuenta de resultados y que apenas hacen recuperar costes, si es que los recuperan, tienen otra función: ocupar espacio. Suena tonto, hasta que pensamos que el espacio que no ocupe una editorial lo ocupará la editorial competidora. Así que prefieren sacar muchos títulos y que algunos se queden en las cajas a sacar menos libros y que el espacio lo ocupe la competencia. Otra razón más para tener un amplio abanico de novedades en catálogo.

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