El primer día de la última fase del entrenamiento, los aprendices se reunieron en torno a su maestro. Este quitó con un gesto teatral la sábana que cubría la jaula con el primer ser vivo que usarían en su aprendizaje.
—Pero ¡si es Duncan! —exclamó uno de los alumnos. Todos se miraron nerviosos: aunque el día anterior había manifestado su intención de seguir con el entrenamiento, había desaparecido a la hora de la comida.
—En efecto. En adelante, cada día la magia elegirá al más débil de vosotros para ser el sujeto sobre el que se lanzarán los conjuros al día siguiente, hasta que solo quede uno. Él ha sido el primero.
—Eso no es justo —protestó de nuevo el mismo alumno.
—Si no te gusta el sistema, ya sabes dónde está la puerta.
En ese momento, al percibir la cruel mirada de su profesor, el joven supo que si se marchaba, o incluso si volvía a abrir la boca, acabaría en esa caja. Así pues, decidió ser el más salvaje y el menos compasivo desde ese momento en adelante. Cuando venciera y se hiciera con el poder que tanto ansiaba, ya se ocuparía de calmar a su conciencia poniendo la cabeza de su superior en una pica.
El maestro, por su parte, sonrió para sus adentros. Los que protestaban al inicio solían ser los que más espíritu demostraban tener y, si su moral no les obligaba a marcharse antes de comenzar con las torturas, acababan por ser los supervivientes. Apostó contra sí mismo que ese jovencito sería el vencedor, aunque en realidad poco importaba. La magia se ocuparía de seleccionar al más apto y, cuando solo quedara ese, sería fácil matarle y absorber su poder.
Sígueme en…
O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.
Este relato lo hice para un concurso de temática fantástica siniestra y lo publiqué en febrero de 2013 en el blog.
¿Buscas lecturas de fantasía?






