Siempre había querido ser periodista, pero la vida la había llevado por otros derroteros. Un día se había cruzado con un fotógrafo que la convenció para que participara en una sesión de fotos para el catálogo de una marca de moda emergente. Meses después, era una modelo conocida internacionalmente.

No se quejaba, ganaba mucho dinero. Tanto, que por fin podía costearse su sueño e incluso guardar algunos ahorros para el futuro. Porque, si algo tenía claro, era que la vida de modelo, aunque le diera ingresos fáciles y fuera muy cómoda, no era para ella.

Lo malo de decidir continuar con la carrera era conseguir un equilibrio, porque de nada le servía poder pagarse los estudios si no tenía tiempo para estudiar. Pero era tenaz y sacaba tiempo de debajo de las piedras.

Así pues, no era difícil encontrarla leyendo los libros de clase en los descansos de las sesiones, aunque fuera vestida de bruja, hiciera un calor terrible y llevara unas botas horriblemente incómodas que no le dejaban concentrarse. También escribía sus trabajos mientras se desplazaba en avión de una sesión a otra o aprovechaba las largas horas de maquillaje y peluquería para mantenerse al tanto de la actualidad y las últimas tendencias. Así, poco a poco, fue aprobando curso tras curso.

Cara al exterior, siguió siendo una modelo tonta y se dedicó a potenciar esa imagen. Así, los tipos poderosos con los que se relacionaba conversaban sin tapujos delante de ella, convencidos de que no entendía de qué estaban hablando. Gracias a eso, cuando acabó la carrera pudo entrar con fuerza en el mundo laboral con un reportaje de investigación que destapaba un gran escándalo financiero que mandó a unos cuantos de esos hombres poderosos a la cárcel.

Como escribió esos primeros artículos bajo seudónimo, pudo seguir con su doble vida durante varios meses antes de que descubrieran su juego. En cuanto se supo, su carrera como modelo sufrió un grave revés.

No le importó que ese puente se quemara: ahora era una periodista reconocida, tenía un buen colchón económico y su agenda de contactos era envidiada por todos sus compañeros de profesión. Había cumplido su sueño y no podía pedir más.

Nunca pensó que sus actos también le habían generado muchos enemigos y que podía haber represalias. Por eso, cuando una de las modelos con las que había tenido trato la invitó a tomar algo, no sospechó nada. No estaba en guardia, así que no vio que, en un despiste, vertió drogas en su copa. Cuando fue al baño porque empezaba a sentirse mal, no les fue difícil agarrarla e inyectarle más mierda para matarla de una sobredosis.

Todos pensaron que no había soportado el hundimiento de su carrera. Todos, salvo los hombres que, por su culpa, estaban cumpliendo condena en una cárcel de mínima seguridad. Allí, todos celebraron su venganza. No tardarían en salir por buena conducta y, en cuanto recuperaran la confianza de la gente, volverían a las andadas.

Eso sí, a partir de entonces tendrían mucho más cuidado con lo que decían delante de las modelos. De todo se aprende. 

Dados de escritura creativa que inspiraron el relato: bota de bruja, libro, balanza

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