Era un puzzle inmenso, de piezas diminutas, y él se pasaba horas y horas para acabarlo. Nunca se le habían dado bien esa clase de entretenimientos, pero había algo en ese puzzle que le obligaba a seguir haciéndolo hasta el final, aunque su mujer ya empezaba a estar un poco harta de su comportamiento, ya que no le dejaba ayudarle.

Ni siquiera sabía qué clase de imagen estaba montando, porque había encontrado el juego en una caja sin dibujos enfrente de su puerta, y quizás por eso estaba tardando tanto. Pero él seguía y seguía, totalmente empeñado en hacerlo. 

Finalmente, su mujer le dio un ultimátum: el puzzle o ella. Eligió el puzzle y acabó su relación. Meses después, cuando el juego estaba más avanzado y se empezaba a adivinar qué era, se arrepentiría de su decisión. Se encontró frente a un collage de fotos suyas y de su mujer, con pequeño mensaje que decía: Feliz aniversario. Espero que podamos hacer muchos más puzzles como este pronto, llenos de momentos inolvidables.

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