Compró su despertador dos meses antes de las vacaciones y funcionaba perfectamente. Cuando pudo tomarse sus días de descanso, decidió desactivar el modo alarma. Para su sorpresa, si dejaba ese botón en off, cada treinta segundos el minutero subía, por lo que nunca daba la hora exacta.
Sonrió. No podía dejar de apreciar lo cercano a la realidad que era ese extraño error en el software del reloj: el tiempo siempre pasa más rápido cuando estás de vacaciones y no tienes que poner el despertador cada mañana.
No obstante, en cuanto abrieron la tienda se presentó con el reloj para que se lo cambiaran. Una cosa era que fuera verdad y otra muy distinta tener un estúpido cacharro estropeado e inútil para recordárselo.
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Escribí este relato en julio de 2012, durante el primer día de una maratón de escritura. Curiosamente, es el primero que escribí que se ajustaba punto por punto a la realidad. No obstante, la realidad era tan surrealista que me pareció una idea fantástica para hacer un relato. El reloj del que se habla existe realmente y tiene ese fallo en la programación de verdad (mi madre pensó que estaba loca hasta que lo comprobó por sí misma, y luego la señora de la tienda nos miró como si estuviéramos chaladas hasta que lo probó). Lo único que no sale en el micro, y lo cuento como anécdota, es que todos los modelos de esa marca tienen el mismo defecto, porque lo cambiamos por otro igual y, al probarlo, ocurrió exactamente lo mismo.
