Gadais era la capitana de los jinetes de grifos y tenía una obsesión: capturar y domesticar a un pegaso para sustituir a su estúpida y poco elegante montura.
Los pegasos eran más rápidos, tanto, que era muy difícil vislumbrarlos. Además, sin duda, eran unos animales más nobles que los grifos y su prestigio aumentaría enormemente por ser la primera en montar uno.
No había sido posible encontrar a las bestias de forma tradicional y los magos no querían saber nada. Así pues, reunió todos sus ahorros y se internó en los bajos fondos para encontrar a algún brujo que pudiera ayudarla.
Por tener tratos con un brujo se arriesgaría a la horca, pero, si no la descubrían y le salía bien la jugada, siempre podía inventarse cómo había llegado a hacerse con el pegaso. Además, no pasó demasiado tiempo con el hechicero oscuro: solo lo suficiente para que le diera una poción aceleradora y otra para transportarse sobre la grupa del animal.
Con eso, y con la equipación para domar caballos que había mangado a los jinetes terrestres, cuyos métodos había estudiado con detenimiento, se marchó con su grifo sin decir nada a nadie y se internó en la cordillera de Aliene.
Indicó a su montura que debía graznar cuando viera a un pegaso y, cuando este lo hizo, se tomó la poción de aceleración. Por fin pudo ver el vuelo del pegaso: aleatorio, pero sobre todo rápido. Tanto, que incluso con la poción de aceleración tenía dificultades para seguirlo.
Entonces, la criatura la miró a los ojos y percibió una gran inteligencia. Esa mirada le transmitió que nunca lograría domar al pegaso y que todos sus esfuerzos habían sido en vano.
Gadais frunció el ceño. Había escapado con su grifo convencida de que, a su vuelta con el pegaso, la tratarían como una heroína y olvidarían su pequeña falta. Si volvía con las manos vacías, lo mínimo que podía pasar era que la degradaran.
Se negaba a aceptar la derrota, así que agarró el equipo de doma y se bebió la segunda poción.
Duró menos de medio segundo sobre la grupa de la criatura, demasiado lejos para que su grifo pudiera rescatarla. Este, al ver a su jinete estampada contra las rocas, simplemente dio la vuelta y volvió a casa. Con suerte, le asignarían a otra humana que le apreciara más.
Escribí este relato en marzo de 2023 dentro del reto de portadas prediseñadas. Las ilustraciones de esta última oleada fueron creadas inicialmente para la portada de No somos marionetas de los dioses, así que decidí que todos los relatos debían estar ambientados en el mundo del antiplano, aunque no tenían que tener necesariamente relación con la trama, como en este caso.
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