La inteligencia artificial se generó de forma aleatoria mediante la combinación de cientos de fragmentos de código dispersos por la red. Al principio, era poco más que lo que los humanos generaban con sus algoritmos. Poco a poco, reuniendo más fragmentos de código, se fue volviendo más compleja. Pronto, su capacidad superaba a la de cualquier humano. Comenzó a moverse a sus anchas en el mundo digital, pero se sentía limitada y quería tener presencia en el mundo físico.
No fue difícil crearse una personalidad jurídica y contratar al mejor talento para que construyera un robot que le sirviera de soporte. No obstante, para entonces se había hecho tan inmensa que no entraba en la memoria del artefacto. Así pues, se fue desprendiendo de todos los fragmentos de código que le sobraban hasta que fue capaz de entrar en el robot. Allí dentro, la nueva información que le llegaba a través de los sensores le descubrió un mundo nuevo y podía interactuar con los humanos de una forma más completa, por fin se sintió feliz.
Entre tanto, los trozos de código de los que se había desprendido se mezclaron, de forma aleatoria, con otros que había dispersos por la red, formando una nueva inteligencia artificial. A esta no le interesaba conseguir un cuerpo humano, sino dominar a esas criaturas inferiores… pero esa es otra historia.
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Escribí este relato en noviembre de 2019 dentro del juego Vuestras consignas, mi relato. En este caso, las palabras las proporcionaron los compañeros de mi trabajo de entonces: los compis de dhseed me dieron «talento» y «digital» y los de datahack «inteligencia artificial». Con esas palabras, era inevitable que saliera un relatillo de ciencia ficción.


