Corro por el camino empedrado. El vestido de baile no me deja respirar. Los tacones me destrozan los pies. Pero no dejo de correr porque me sigue y me está ganando terreno.
Ocurre lo inevitable: tropiezo. Intento levantarme apoyándome contra un árbol, llorando y al borde de la histeria. Ha sido suficiente para que me alcance y llega hasta donde estoy…
—Sarah… —dice mientras se agacha a mi lado y roza mi hombro suavemente.
—¡No me toques! —le grito con la voz desgarrada—. ¡No quiero volver a verte nunca!
Me quito los zapatos y se los tiro, rabiosa. Vuelvo a correr. Él ya no me persigue, pero la imagen de su traición sigue haciéndolo.
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Escribí este relato hace muchísimos años. Los que no acababan de convencerme, pero tenían potencial, iban directos al mismo documento, que recuperé de mi viejo ordenador. Algunos no tienen remedio, pero otros, como este, sí que tienen salvación. Los años que pasó en barbecho han sido buena idea, me encanta cómo ha quedado la reescritura.
Antologías de relatos cortos


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