—No puedo soportarlo más —dice levantándose bruscamente. Es detenido de inmediato por su mujer.
—Estate quieto de una vez. Ya hemos hablado de esto. Eres un adulto, supéralo.
—No tengo por qué pasar por esto —protesta.
—Y yo no tengo por qué aguantar tus quejidos constantes por ese dolor de muelas. —Ella pone los ojos en blanco, exasperada—. Ni tampoco tengo que soportar tu mal humor porque no puedes dormir.
—Hagamos una cosa. Esta noche me voy al antro ese de debajo de casa en el que hacen peleas ilegales y me apunto a una. Con un poco de suerte, un buen puñetazo en el sitio correcto me ahorra la visita. A lo mejor hasta gano y sacamos un dinero extra.
—¡Un capón te vas a ganar si no dejas de decir sandeces! —dice ella. En ese momento un tipo sale de la consulta y el dentista se asoma, diciendo que pase el siguiente. Su marido se levanta pero, en vez de avanzar hacia la puerta, comienza a dar pasos hacia atrás en dirección a la salida—. Un solo paso más en dirección contraria y te juro que te llevo de la oreja.
—Pero…
—Pero nada. Como no entres ahí ahora mismo, el dentista será el peor de tus problemas. De hecho, convertiré tu vida en tal infierno que desearás estar en esa consulta antes que en casa conmigo.
Él, tembloroso, entra en la consulta por fin y su mujer, que asiente satisfecha, se queda en la puerta con los brazos cruzados para evitar su huida. Cada día le cuesta más arrastrarle hasta allí. Sólo espera que el dentista acabe todo sin encontrar una caries o cualquier otro problema que les obligue a ir otro día.
Hice este proyecto en diciembre 2012 para Adictos a la escritura. En este caso el tema era «Un hombre en una consulta dental, con fobia al dentista», y no se podían decir las palabras miedo, terror, pánico, pavor, fobia.
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