Tenían que mantener una vela encendida frente al espejo siempre, solo con eso ya me tenían contento, ¿de veras era tanto trabajo para una familia entera de brujas poderosas agradecer a su demonio guardián su dedicación con ese pequeño gesto?

Pues sí, debía de serlo, porque quisieron ahorrarse la molestia sustituyendo la vela por una bombilla, para que tuviera luz eterna. ¡Luz eterna! ¿Quién quiere esa tontería? Yo lo que quería era ver la llama tililar, es lo único que me sosiega. ¡Podría pasarme eones embelesado! ¿Es que tilila una bombilla? No, simplemente da una luz continua tan fea como irritante. Y yo, irritado, soy peligroso. 

Hice que explotara la bombilla, pero las muy tontas no captaron la advertencia. La sustituyeron a toda prisa, preocupadas, sí, pero no lo suficiente como para volver a colocar la vela en su sitio. Mi irritación aumentó aún más. Y ya he dicho que yo, irritado, soy peligroso. Salí del espejo y di rienda suelta a mi ira. Solo detuve la masacre cuando una de las brujas, con buen tino, encendió una vela frente a mí. Esa preciosa llama me tranquilizó y no tardaron en devolverme al espejo, frente al cual dejaron la vela. 

A lo mejor me pasé un poco. Ahora, solo quedan vivas la mitad de mis brujas y eso me apena un poco pero, ¿sabéis qué? Al menos tengo la certeza de que no volverán a poner una bombilla frente a mi espejo y podré seguir disfrutando eternamente de los bailes de mi llama.

Sígueme en…

O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.

Portada del libro de relatos breves 48 trozos de fantasía y ciencia ficción, de la escritora Déborah F. Muñoz
48 trozos de fantasía y ciencia ficción

Portada de la antología de relatos cortos 70 trozos variados
70 trozos variados
portada de 42 trozos de amor y pasión
42 trozos de amor y pasión

Portada de la antología de relatos cortos 68 trozos variados
68 trozos variados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *