Etastolos era un hombre corriente y envidiaba a los magos más que cualquier otra cosa, pero no se había resignado a una vida de normalidad y comenzó a realizar experimentos. Al final, descubrió que la capacidad para hacer magia la otorgaban unas hormonas que generaba un órgano que la gente corriente no tenía. No fue difícil construir uno artificial y generar esas hormonas, que se dispuso a beber en cuanto tuvo las suficientes para llenar un vial.

No había tenido en cuenta que los cuerpos de los magos también habían desarrollado defensas específicas para que esas sustancias no les dañasen, ni que la cantidad que ingirió fue sensiblemente superior a la que generaba cualquier hechicero en años. No obstante, sí que consiguió su objetivo, porque cuando las hormonas le invadieron y su cuerpo no pudo soportarlo, se convirtió en el primer mutante de la historia. 

—Por suerte para todos, queridos aprendices, los mutantes están llenos de magia, pero son incapaces de usarla. Por eso son tan buenas mascotas —acabó el maestro, con una sonrisa.

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