El baile de disfraces era el mejor lugar para asesinar a su esposa y así poder casarse con su querida, por lo que consiguió el traje más simple y poco original, en el que escondió las jeringas con el veneno, y se aseguró de ver cómo vestía ella cuando salió de casa.
Cutre, es lo que pensó al ver el ostentoso disfraz de pavo real, pero fácil de localizar.
No obstante, cuando llegó al salón de baile, horas después, se dio cuenta de que lamentablemente otras dos damas habían escogido el mismo tema. Enfadado, y con poco tiempo para andar buscando cuál de ellas era la que buscaba, decidió acabar con todas ellas. Después de todo, si vestían igual eran de la misma calaña.
Demasiado tarde se dio cuenta de que la última de ellas era su amante, que había decidido vestirse como su esposa para que pudieran hablar sin despertar sospechas.
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Escribí este relato en el cuarto día del maratón de escritura que hice en julio-agosto de 2012
