Jugué con los niños un rato, mientras esperaba a que llegaran los agentes para llevárselos y encontrar a sus padres. Ellos se retrasaban y yo tenía prisa, pero no podía dejar a esos chiquillos indefensos solos en el parque.
Uno de ellos dijo que tenía hambre, y los otros dos se quedaron parados, mirándome con ojos hambrientos. Yo no llevaba nada que comer y saqué el móvil para llamar a algún Fast food, pero sus caras empezaron a cambiar y me percaté de que la comida ya estaba allí, y era yo.
Corrí entonces todo lo que pude, pero los tres diablos me perseguían entre risas, como cuando hacía un rato jugábamos al pilla pilla. Tropecé con algo en el suelo y me di cuenta de que los agentes ya habían llegado hacía un rato. Entonces noté tres pequeños mordiscos en mi cuerpo y la debilidad se apoderó de mí.
Antes de perder el conocimiento, escuché la voz del más mayor de ellos. “¡Parad ya, será una buena mamá!”. Mi boca se llenó con un sabor dulce y metalizado.
Hoy, mis niños y yo salimos de caza. Ellos harán de cebo y disfrutaremos de un buen banquete entre los que intenten ayudar a unos niños indefensos.
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Otro relato que no tengo muy claro de dónde salió. Lo escribí en junio de 2010, probablemente fuera escritura automática, porque no me suena haberlo presentado a nada.
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