Hacía mucho que el grupo de amigas se había distanciado formando dos facciones opuestas por una discusión estúpida que nadie recordaba, pero algunas recordaron los viejos tiempos y retomaron el contacto. Para el reencuentro de reconciliación, quedaron por internet en la parada de metro más cercana.

Llegó el día y cada grupo se vistió con sus mejores galas, ilusionadas por el reencuentro. Pero esperaron, y esperaron, y no aparecía nadie.

—Serán imbéciles —dijeron las que esperaban por fuera. Todas estuvieron de acuerdo en que no iban a volver a intentar arreglar las cosas con esas mamonas.

—Vaya tías, podrían haber avisado de que no venían —dijo una de las que esperaban por dentro. Las otras asintieron, molestas: no volverían a reorganizar sus agendas para encontrarse con esas malquedas.

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