Diez. El colgante en forma de luna que me regaló por mi cumpleaños. Al agua.
Nueve. La piedrecita que encontré en la cueva en la que me pidió la mano. Al agua.
Ocho. El álbum con la sesión que nos hizo un fotógrafo amigo suyo antes de la boda. Al fuego.
Siete. Las invitaciones que eligió, tan feas que cuesta mirarlas. Al fuego.
Seis. La copia del menú del catering. Al fuego.
Cinco. Los folletos del balneario en el que hicimos la despedida de soltera. Al fuego.
Cuatro. El puñado de tierra de la playa paradisíaca donde celebramos la luna de miel. Al agua.
Tres. Una copia del monólogo que hizo riéndose de los problemas de nuestra relación. Al fuego.
Dos. El dossier del detective privado demostrando sus infidelidades. Al fuego.
Uno. La notificación de que por fin estábamos divorciados. Al fuego.
Cero. Las cenizas de todo. Al agua.
Me siento liberada e intercambio una sonrisa con el hombre maravilloso que se sienta a mi lado en el puente. Él también ha ido lanzando, al fuego y al agua, los restos de su antigua vida. Ahora que hemos liberado todo ese lastre, es el momento de volver a empezar. Saca el anillo de compromiso y me lo pone en el dedo. Le beso para sellar nuestra promesa sin palabras de que nuestra relación no será igual que las que dejamos atrás. Luego, nos levantamos y abandonamos el puente, con rumbo a nuestra nueva vida.
Sígueme en…
O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.
Escribí este relato en diciembre de 2021 con las consignas: «Escribe un relato en que aparezcan dos personajes sentados en un puente y añade las palabras luna, cumpleaños y cueva», «Escribe un relato que contenga las palabras Balneario, cuesta, fotógrafo, monólogo y tierra» y «Haz un relato en el que se intercale una cuenta atrás desde diez».
