Corría por los bosques con absoluta libertad. Poco a poco fue fundiéndose con el lobo, hasta que se convirtieron en uno. Entonces llegó un olor atrayente que le condujo hacia una presa. Era la mujer a la que amaba, la que le había rechazado por ser lo que era.

Empezó a retroceder porque no quería hacerle daño, pero luego se lo pensó mejor. Un sólo mordisco y sería como él. Un sólo mordisco y ya no tendría motivos para rechazarle.

Sígueme en…

O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.

¿Buscas lecturas de fantasía?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *