«El despacho da una sensación de agobio tremenda», pensó Raúl cuando le ascendieron y le dieron las llaves de su nuevo lugar de trabajo. La mayor parte del mismo estaba ocupado por un vetusto escritorio tras el cual un imponente sillón se alzaba amenazante.

«Definitivamente, cuanto antes lo cambio», decidió, y pidió que le concedieran una partida del presupuesto para renovar el despacho.

Pronto se dio cuenta de que los empleados se sentían amedrentados cuando entraban, lo cual le daba mucha ventaja. Además, la vista desde el sillón no le agobiaba tanto. Al contrario, se sentía seguro y poderoso. Por eso, cuando por fin le concedieron el dinero para la renovación del despacho, no solo no cambió el escritorio y el sillón, sino que añadió al conjunto una vetusta estantería repleta de libros antiguos e imponentes.

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