Vaya por delante que nunca he cobrado por reseñar un libro y que no creo que lo haga nunca. Hago las reseñas por amor al arte, porque me gusta hablar de los libros que leo y porque me gusta llevar un diario de lecturas.

Sí que he recibido ejemplares gratuitos, pero esa «gratuidad» es relativa: no compraban mi reseña, sino el hecho de que los mostrara a mis seguidores y les diera prioridad entre la gigantesca pila de libros pendientes que tengo y en la cola de reseñas hechas pero no publicadas en mis blogs. Aun así, ha sido siempre con mis condiciones (sinceridad máxima y ninguna guía sobre qué debo decir o comentar, entre otras cosas).

No obstante, me molesta mucho cuando veo en redes sociales a escritores y lectores criticando a tal o cual bookfluencer porque alguien le ha ofrecido su libro para reseñar y les ha pedido dinero. Defenderé siempre que están en su derecho por dos motivos: uno, que reseñar es un trabajo y nadie debería criticarles por pedir una contraprestación económica por ello. Dos, tienen un soporte publicitario hipersegmentado (algo que también cuesta mucho trabajo y esfuerzo conseguir) y tienen todo el derecho a explotarlo económicamente.

Reseñar es un trabajo

Hacer una reseña buena lleva mucha dedicación. De entrada, tienes que tener unos conocimientos mínimos y un bagaje de lecturas que te permita hablar con cierta autoridad de los distintos puntos del libro. A veces, también se requiere cierta investigación sobre el autor, el resto de libros, el hype que ha generado alguna obra o la temática tratada, si esta es delicada.

Eso por no hablar de la preocupación de decir las palabras adecuadas e ir más allá de lo personal. Muchas veces, aunque no te haya gustado el libro, tienes que ser lo bastante imparcial como para encontrarle puntos positivos. Otras, el libro es tan mediocre que no hay nada, ni bueno ni malo, que destacar, pero tienes que hacer la reseña igualmente. Por esto, con algunas de mis reseñas se me han ido fácilmente dos horas.

Por no hablar de que tienes que leer el libro en sí. En general, eso no supone ningún problema, pero con algunos ejemplares se convierte en una obligación y no un placer. No suele pasarme porque mi instinto lector no suele fallarme, pero a veces me ha llegado un libro que es un auténtico tostón. Lo único que quería era abandonarlo, pero me había comprometido a reseñarlo y me ha tocado acabarlo.

En definitiva, tienes que dedicarle mínimo una hora en la reseña y, según el grosor del ejemplar, unas cuantas horas más a la propia lectura, lo cual es un placer a veces, pero otras no tanto. Si ponemos un precio a nuestro tiempo, aunque sea el equivalente al salario mínimo, un ejemplar gratuito no lo compensa. Así que, si alguien quiere cobrar por ello, chapó.

Ser bookfluencer también es un curro

Luego está el propio blog o las propias redes sociales donde hablas del libro. No se trata de hacer la reseña, tirar la fotito o hacer el vídeo y ya está. Tener un canal exitoso en redes sociales, o un blog bueno, lleva una dedicación monstruosa.

Tienes una comunidad que cuidar, tienes que generar contenido constantemente, tienes que mantener una línea gráfica, tienes que cuidar el SEO y las palabras clave, tienes que consultar estadísticas, tienes que estar al tanto de las últimas tendencias…

Por mucho que automatices y programes, todo esto se come tu tiempo. De nuevo, yo lo hago por amor al arte, porque me gusta hablar de libros y recomendarlos, pero respeto a aquellos que quieren sacar provecho del tiempo invertido y se pueden permitir el lujo de monetizarlo.

Porque sí, hay quienes lo monetizan, pero ¿acaso criticamos a los periódicos por mostrar en sus espacios solo lo que han pagado las editoriales? Un bookfluencer con muchos seguidores hace lo mismo: tiene una línea y un plan de contenidos, y si alguien quiere colarse en dicho plan se le ofrece que pague por aparecer en un espacio publicitario con un público hipersegmentado.

La editorial o el autor, por cierto, también salen ganando porque, si eligen al bookfluencer correcto, impactan directamente a quienes tienen que impactar: a una comunidad de lectores que se fía de su criterio.

La transparencia es la clave

Por todo esto, me parece perfecto que alguien cobre por hacer sus reseñas o hablar de libros, siempre que sea transparente al respecto. Es decir, si haces reseña o recomiendas algo, tienes que haberlo leído antes. Si no, como mucho debes decir que lo estás leyendo o lo vas a leer.

Y, de cara a escritores y editoriales, también debes ser transparente y no caer en malas prácticas como la compra de seguidores o likes. Ética básica y respeto hacia tus seguidores y hacia quien te paga, vamos.

Sé que algunos no cumplen con esa premisa y venden su alma al diablo si les pagan, pero para eso está el propio criterio de sus seguidores. Yo tengo a bookfluencers en los que confío y bookfluencers en los que no confío aunque me gusta su forma de contar las cosas. Si me encuentro con uno que es puro espacio publicitario, está en mi mano contribuir a alimentar la rueda o ignorarle y no seguirle.

Si todos hiciéramos lo mismo, estos debates sobre cobrar o no cobrar por las reseñas no serían necesarios.

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