Este consejo rápido de gestión del tiempo es también de sentido común. Simplifica. Al máximo.
Esto tiene mucho que ver con lo que comenté sobre ser vago, ya que simplificar es una estrategia para encontrar caminos más cortos para realizar las tareas.
Muchas tareas las complicamos innecesariamente. Muchas veces, incluso nuestro propio calendario lo complicamos innecesariamente. Lo hacemos así porque siempre se ha hecho así, pero eso no implica que no haya formas de simplificar: a lo mejor hay herramientas nuevas, a lo mejor la tarea ya no requiere tanta complejidad pero sigues haciéndola difícil sin cuestionarlo.
A mí me pasó con los pasteles y la repostería. Muchos requieren todos los pasos que te marcaban las recetas, pero muchos no. Esto es porque esas recetas, heredadas desde hacía generaciones, se planteaban para hacerlas de forma tradicional: hornos complicados, levaduras orgánicas, amasados manuales. Pero ahora, muchas de esas recetas pueden quedar igual de esponjosas si sigues muchos menos pasos, eliges bien los ingredientes y utilizas las máquinas correctas.
Por eso, hacía la prueba simplificando y, si no quedaba bien, seguía todos los pasos de la receta original. Bastantes no quedaron bien (el roscón de Reyes no hay manera de simplificarlo, por ejemplo), pero llené un libro de recetas entero con las que sí. Y ahorré muchas horas de pasos innecesarios.
Así que intenta que sea lo más fácil posible todo. Simplifica lo que puedas. Si dudas sobre si saltar pasos o no en una tarea recurrente, haz la prueba: puede que salga mal (con lo que perderás un día), pero si sale bien te ahorrarás mucho tiempo para conseguir el mismo resultado.
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