Autopublicar es difícil. A la falta de confianza del lector, se le unen trabas cada vez mayores en todos los ámbitos, y la última de ellas es el Depósito Legal.
Hace años, les mandé un mensaje para preguntar si era necesario para la impresión a demanda de Amazon y dijeron que no, que no tenía sentido, pero de repente han cambiado la ley y nos encontramos con que es obligatorio para cualquier obra publicada en papel en España, da igual cuántos ejemplares se impriman. O si se llegan a imprimir.
Lo gracioso es que no se ha anunciado ni avisado en ninguna plataforma (el BOE no cuenta, es imposible leerse todos los BOE por si acaso hay algo nuevo que nos afecte). Los autopublicados nos hemos enterado cuando han empezado a multar a otros autopublicados (con multas de más de mil euros por libro… mucho más de lo que gana cualquier autopublicado con la mayoría de sus libros) y se corrió la voz en redes sociales. A mí me avisó una amiga.
¿Qué es el Depósito Legal y en qué consiste?
En esencia, es por una buena causa: para que cualquier producción cultural se guarde para la posteridad.
El proceso es sencillo: te das de alta como editor, solicitas un número, lo adosas en la página de créditos de tu edición y les mandas tanto los archivos digitales como cuatro copias en papel, que ellos a su vez envían a la Biblioteca Nacional y otros archivos.
Te lo venden como si fuera gratis, pero obviamente no lo es, porque tienes que asumir el coste de los ejemplares en papel y de hacérselos llegar a los del depósito.
¿Y por qué inicialmente decían que no tenía sentido para la impresión a demanda? Porque no lo tiene. Que tú publiques el libro en papel en Amazon no significa que vaya a llegar a imprimirse siquiera. De llegar a imprimirse, las tiradas por lo general son tan irrisorias que ni siquiera se tenían en consideración.
¿Y por qué ahora dicen que sí? La única explicación es recaudatoria (si empiezan a multar a autopublicados ignorantes de la ley, se sacan un pico) y un intento de control de los autopublicados, poniéndoles una barrera de entrada más en su camino (el coste de enviarles cuatro ejemplares físicos no compensa, en la mayoría de los casos, todo lo que el autor va a ganar por las ventas de dichos ejemplares físicos).
Afortunadamente, estos años no he publicado demasiado, y desde que se publicó la ley menos, así que solo he tenido que retirar cosas puntuales que pasaron sin pena ni gloria. Pero había que hacerlo bien con No somos marionetas de los dioses.
Lo primero que hice fue mandarles un mensaje para preguntar: «Aunque habrá tapa dura y tapa blanda, es exactamente el mismo interior, ¿cuántos ejemplares debo enviaros?».
La respuesta fue: «Usa el mismo número de depósito legal para ambas y manda dos de tapa blanda y dos de tapa dura».
Me tranquilizó, publiqué la tapa blanda y la tapa dura con el depósito legal y realicé el pedido de los ejemplares, pero cuando me planté en las oficinas para entregarlos me llevé la sorpresa: «Ups, la persona que te informó entendió mal un correo de la Biblioteca Nacional. Tienes que entregar cuatro ejemplares de tapa blanda y cuatro ejemplares de tapa dura, no dos y dos.
No sirvió de nada que les argumentara que, con dos y dos, la esencia de la ley se cumplía igual, que era absurdo hacerme gastar otros cincuenta euros en imprimir otros dos y dos ejemplares extra para un libro que tenía exactamente los mismos interiores. Que para la posteridad daba igual que dichos interiores se conservaran en un formato u otro. Estuvieron de acuerdo conmigo en que es absurdo, pero «la Biblioteca Nacional manda y no podemos hacer nada».
Por eso, ya no existe una edición de tapa dura de No somos marionetas de los dioses. Porque la publiqué en base a una información falsa que me mandaron del Depósito Legal, pero sencillamente no puedo permitirme imprimir más ejemplares de ambas ediciones para enviárselos.
Así que, con todo el dolor de mi corazón, les dejé dos ejemplares de tapa blanda. Cuando llegué a casa, la tapa dura desapareció y, con todo el dolor de mi bolsillo, pagué otros dos ejemplares de tapa blanda que he tenido que mandarles para que quedara formalizado.
Moraleja: si eres autopublicado, te fastidias y pagas el depósito legal aunque no esperes vender nada. Si quieres dar opciones a tus lectores y publicar tapa dura y tapa blanda, aunque sea exactamente el mismo interior, te fastidias y pagas dos veces. Y, si decides no pagar, te arriesgas a una multa que es infinitamente superior a los ingresos medios que consigue con su libro cualquier autopublicado. Lo dicho, autopublicar es difícil.
