Ya dije que para gestionar mejor nuestro tiempo era importante que cronometráramos las tareas para tener clara la duración real de lo que emprendemos, sin basarnos en estimaciones imprecisas (y probablemente erróneas).
Pues bien, ahora vamos a ir un paso más allá. Una vez que te has cronometrado como te explicaba y que ya tienes una estimación bastante aproximada, en principio ya puedes incorporarlo al calendario… ¡pero aquí solo estás contando con que todo irá bien!
Lo ideal es que, a la hora de planificarte, le sumes a ese tiempo medio que has calculado un porcentaje de tiempo extra por si hay algún imprevisto. Es la mejor manera de cubrirse las espaldas y de hacer las cosas sin que se solapen las tareas porque ha pasado alguna cosa y no puedes encajarla.
Pasa mucho en todos los ámbitos. Aunque sepas cuánto tardas habitualmente, a lo mejor un día encuentras la tarea más complicada de la habitual, o el ordenador o el programa que estás usando va más lento de lo normal, o simplemente te sientes espeso ese día. Así que añadir ese porcentaje extra te da cierto margen.
¿Que acabas la tarea en el tiempo habitual y te sobra el margen? Mejor para ti: pasa a otra cosa y haz crecer tu banco de tiempo o utiliza ese rato para hacer un descanso más largo.
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