“Esta novela soy yo. Si no te gusta, ten por seguro que yo no te gustaré”
Eso me dijo Javier en nuestra primera cita y heme aquí, una persona que no ha leído un libro entero en su vida, a punto de empezarme un ladrillo de novecientas páginas, sólo porque ese hombre maravilloso que parece haber sido esculpido en mármol por un prodigioso artista me dijo que era mejor no volver a vernos hasta que me la acabara. Cielos, nada más verlo ya me aburro, y debo decir que él no me parecía un aburrido en absoluto. No tiene aspecto de intelectual, vaya decepción. Lo que hay que hacer por salir con un tío como ese. Pero en fin. Allá voy.
Las diez primeras páginas son un tostón, pero sigo en mis trece. Al menos quiero leerme un diez por ciento, y eso implica que tendré que llegar a la página noventa como mínimo. Así, no podrá decir que no lo he intentado. Voy leyendo y la cosa empieza a ponerse interesante… sí, lo suficientemente interesante como para pasar de la página noventa. Un tercio. Llegaré hasta un tercio y luego lo dejo. Tampoco han pasado tantas cosas como para poder demostrarle que lo he leído.
La lectura de estas páginas me atrapa. Leo en todos los ratos libres, pierdo horas de sueño. He pasado de la página trescientos sin darme cuenta, casi llevo la mitad. Me fascina, me tiene atrapada. Mis amigas no entienden lo que me pasa, piensan que me he vuelto loca. En estos momentos me gustaría poder leer más rápido. Tenía una compañera, en clase, que se lo hubiera leído en tres tardes. No ayuda mucho tener que buscar cada dos por tres palabras que no conozco en el diccionario. Hay que ver el vocabulario más pobre que tengo, quizás debería solucionarlo.
Empieza a quedar poco para el final. Estoy enganchada, soy adicta. Si ese hombre es como esta novela, tengo que decir que gustarme es poco para definirlo. Le adoro. La acabo y no pierdo un segundo en llamarle. Creo que no piensa ni por un momento que realmente la he acabado. ¡Cielos! ¡La he acabado! ¿Quién lo iba a decir? Aunque no está convencido, decide quedar conmigo otra vez. Para dentro de una semana. Espero con ilusión que llegue el día, y hasta entonces vuelvo a la normalidad. Pero todo es distinto, ahora no me llenan las mismas cosas que antes. Todo ha cambiado. ¿O quizás he cambiado yo? Tendré que pedirle que me recomiende más libros.
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Este es el relato se escribió originalmente en 2011 para los ejercicios periódicos de Adictos a la escritura. La consigna ese mes era «novela».
