Cuando los asesinos comenzaron a matar funcionarios, Alfred estaba en el baño porque había comido demasiado y el exceso le había sentado mal. Esa desagradable circunstancia no solo le salvó la vida, sino que le hizo ascender varios puestos en la corte.
Poco después, una flecha dirigida a su persona se clavó en su mayor competidor, que se puso en medio justo a tiempo. La casualidad quiso también que más adelante otro compañero probara el vino envenenado que estaba destinado a acabar con Alfred.
Entonces muchos competidores recelosos excavaron en su pasado, encontraron la larga lista de afortunadas casualidades que le habían llevado a su posición y la tergiversaron. Alfred fue declarado culpable de asesinato, pero siguió con el ánimo en alto. Estaba convencido de que la fortuna volvería a cobrarse una nueva víctima para salvarle a él.
Eso siguió pensando hasta que estuvo frente a frente con el verdugo.
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Este es el proyecto de Adictos a la escritura de abril de 2015. En esta ocasión, había que hacer un micro de 150 palabras máximo que luego otro continuaría. No tengo ni idea de quién lo continuó ni cómo, pero tal y como está me parece perfecto.






