La anciana apenas sabía leer pero, cuando encontró el diario de su hijo, muerto en la guerra, se sentó frente a la ventana y decidió no moverse hasta terminarlo.
Lo leyó muy lentamente, casi letra a letra, empeñada en comprender hasta la palabra más insignificante. A medida que pasaba las páginas no pudo evitar reír, llorar y, casi al final de las páginas escritas, sorprenderse.
Una vez finalizó todo, se secó las lágrimas y se dirigió a la chimenea. Nadie, jamás, debía averiguar lo que había descubierto.
Escribí este relato en mayo de 2012 para el reto «Comienza una historia» de Escribiendo la noche. Se tenía que basar en una imagen, «Mujer leyendo» de Pieter Janssens Elinga.
Salió muy corto, pero me gustaba la idea de dejar a la imaginación lo que quiera que tuviera que ocultar.
Todas las historias y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.


Es interesante, tantas emociones y no todas son buenas dan para pensar que no es algo malo, pero va y tira el diario a la chimenea. me parece que ha quedado bien el relato.
Gracias 🙂