Érase que se era tres cerditos. Su padre, antes de morir, les dijo:
—Tomad esta camiseta del Prica y este anillo que te hace invisible que compré en el chollo.
Los tres cerditos, después de turnarse para hacer tonterías con el anillo y hacerse daño por culpa de la invisibilidad, decidieron que irían a Mordor a decirle al fabricante que no se deben fabricar objetos tan peligrosos.
El lobo Sauron, el creador de tan peculiar objeto, que no quería perder los ingresos por su invento, mandó a sus nueve matones a perseguir a los tres cerditos, pero estos escaparon a Rivendel, una granja cercana. Les echaron a patadas de la granja, por supuesto, porque no querían problemas con Sauron.
Fueron después a Moria, una antigua granja de cerdos, pero ahora era un matadero. Había jamones colgando por todo el recinto y además apareció el Balrog, el hombre que mataba a los cerdos. Los cerditos corrieron y corrieron. Salieron por los pelos y continuaron su camino hasta Lothlorien, donde también les echaron.
Después de mucho camino, llegaron a una ciénaga, pero allí vivía el ogro Shrek y quería preparar un banquete para la princesa Fiona. Escaparon otra vez y entraron por la puerta trasera del rascacielos de Mordor, donde estaba el fabricante. Sauron y sus esbirros seguían al acecho, así que había que darles esquinazo constantemente. Además, había una diminuta araña que les asustó, pero la dejaron atrás.
Al fin, llegaron a la planta donde estaba el fabricante. No acabaron ahí los problemas de los cerditos, porque un guardia de seguridad les detuvo entonces por correr en los pasillos, pero al final llegaron a su despacho y el juguete se retiró del mercado.
Los tres cerditos, cumplida su misión, volvieron a su hogar, donde les tocó la bonoloto, que les dio para hacerse tres hermosas casitas: una de paja, una de madera y otra de piedra.
En junio de 2014 abrí una libreta viejísima y me encontré con algo escrito. Mi letra. Lo leo a ver qué es y, faltas de ortografía aparte, me descojono. Literalmente. No recuerdo cómo se me ocurrió, ni cuándo lo escribí… ni siquiera recordaba que ese relato existía. Por las referencias, debía de tener unos 10 años. Pero Dios, tenía que compartirlo en el blog (sin las faltas de ortografía). Es tan absurdamente genial…
No pude resistirme a generar con IA una imagen. El resultado es una monada

