Los investigadores acudieron a mí, como de costumbre, cuando el caso se les atascó. Yo escuché su exposición de los hechos y miré las pruebas. Luego, me sumí en un silencio reflexivo.
Estaba todo tan claro, ¡era tan obvio! Sin embargo, les hice creer que, por primera vez, estaba tan desconcertado como ellos porque, ¿qué clase de hombre sería si delatara a mi único hijo?
Ante él no pude fingir, pero le aseguré que contaba con mi silencio. Aun así, esa copa de brandy que me ha ofrecido me parece sospechosa, de modo que he mezclado mi bebida con la suya.
Ojalá sea una intuición errónea. De no ser así, al menos me iré al otro mundo con la certeza de que soy su última víctima.
Este relato es viejo. Muy viejo. Ya ni me acordaba de él y apareció en un trozo de papel guardado en un cajón. Es el típico relato que escribo en un momento de aburrimiento y, por alguna razón, se me olvidó pasarlo a limpio. Así que no sé cuándo lo escribí, ni qué lo inspiró, pero la verdad es que me gusta el resultado.
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Todos los relatos cortos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
