Los investigadores acudieron a mí, como de costumbre, cuando el caso se les atascó. Yo escuché su exposición de los hechos y miré las pruebas. Luego, me sumí en un silencio reflexivo.

Estaba todo tan claro, ¡era tan obvio! Sin embargo, les hice creer que, por primera vez, estaba tan desconcertado como ellos porque, ¿qué clase de hombre sería si delatara a mi único hijo?

Ante él no pude fingir, pero le aseguré que contaba con mi silencio. Aun así, esa copa de brandy que me ha ofrecido me parece sospechosa, de modo que he mezclado mi bebida con la suya.

Ojalá sea una intuición errónea. De no ser así, al menos me iré al otro mundo con la certeza de que soy su última víctima.

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