En meses anteriores…
Enero: Un arranque lleno de cambios
Como siempre, empecé año con energía, ¡y más este, que vino con un cambio de trabajo!
Solo un aspecto negativo del cambio: no pude pillarme mis clásicas vacaciones de enero porque encadené uno con otro, con solo un par de días libres por las horas extra acumuladas. Aproveché para hacer una escapada a Segovia y para visitar el monasterio de las Descalzas, pero no es lo mismo.
Como pasé más tiempo en casa de forma inesperada, aproveché para programar bastantes cosillas, para escribir una entrada sobre cómo viajar con poco y para ir migrando más entradas de los blogs a esta misma web.
Y luego vino el cambio de trabajo, la verdad, sentí muy buenas vibraciones. Estaba bastante lejos, pero todo lo demás lo compensaba.
Febrero: Un mes que pasa volando
En febrero aproveché los días de tiempo primaveral para ir a las exposiciones de Chagal y Christer Strömholm en la Sala Fundación MAPFRE Recoletos. Chagal no me dice demasiado, pero el fotógrafo tiene una obra impresionante (aunque algunas de las fotografías de la exposición eran un poco de relleno, la mayoría no).
También tuvimos una nueva reunión del Club de Lectores y hablé sobre el género de viajes en el tiempo. Por lo demás, con el nuevo trabajo y el inicio de la búsqueda de casas, el mes pasó volando, así que solo fui a comprar una cinta de andar para aprovecharla mientras estoy en reuniones.
Marzo: A la caza de una casa
Seré sincera: buscar casa es un rollo. Pierdes un montón de tiempo y la mayor parte de lo que encuentras es basura. La mayoría de las inmobiliarias son mentirosas y asquerosas, mejor no hablar de los bancos y el resto de parásitos asociados al sector. Este mes he visitado unos cuantos pisos y… ¡madre mía! Lo odio, lo odio a muerte.
A pesar de ello, marzo ha cundido, con visitas al rastro, la planificación de un viaje muy esperado, tardes de juegos y eventos familiares. Ayudó el ambiente primaveral y que mis vacaciones están a la vuelta de la esquina.
Y, por supuesto, la Semana Santa. Como estaba pasada por agua, aproveché para hacer todo tipo de cosas puertas adentro: empecé por fin mi novela histórica, empecé un proyecto de emprendimiento muy chulo (¡en breve daré más noticias!) y avancé con mi proyecto de costura.
Abril: El primer viaje del año
La primera semana de abril fue laborable, pero se pasa de otra forma cuando tienes a la vuelta de la esquina tus vacaciones y llevas más de lo habitual sin poder irte a ningún lado.
Esta vez, hice un viaje a Austria, más concretamente a Viena. Es una ciudad muy elegante, bonita, espaciosa y limpia, y además tiene una biblioteca alucinante. También aproveché la estancia para ver lugares cercanos como Bratislava, Hallstatt o Salzburgo.
Aparte del viaje, seguí con la ingrata tarea de buscar una casa, y además descubrí que parte de mi malestar es porque tengo intolerancia a la lactosa (¡qué mal lo voy a pasar, soy adicta al queso!), así que me dediqué a investigar sobre el tema y a probar mis recetas estrella con productos sin lactosa.
Además, visité la alucinante bóveda de Luca Giordano de la Biblioteca del Museo del Prado e hice una escapadita a Burgo de Osma.
Mayo: ¡Monté una tienda!
Empecé el mes con una gran decepción: Por fin encontré un piso que no era un zulo y pagué las arras, pero los vendedores no firmaban el contrato… Pensé que serían gente seria y seguí adelante con el proceso de hipoteca, pero finalmente se echaron atrás y yo volví a la casilla de salida echando humo. Para colmo, el de la inmobiliaria tardó muchos días en devolverme mi dinero, sentí mucha ansiedad. No os podéis imaginar qué desilusión… ¡Cómo odio todo esto!
Otra novedad que ya puedo comentar es que ¡he montado una tienda online! De momento vendo unos pocos diseños de camisetas y tazas, ¡a ver qué tal me va esta aventura!



Mayo es un buen mes para hacer escapadas, así que invité a mi madre por su día al Tren de la Cerámica de Talavera de la Reina, una escapada de un día muy recomendable. También hice una visita al Rastro de Madrid (¡no hubo mucha suerte!) y visité la rosaleda del Parque del Oeste, que estaba preciosa (aunque tendría que haber ido antes, porque algunas estaban un poco mustias).
Junio: Ferias del libro, viajes y antologías
Junio es un mes muy activo. Demasiado. Por si fuera poco, saqué una nueva antología de relatos.
Este año intenté marcharme de vacaciones para librarme de los compromisos, pero solo conseguí condensarlos todavía más. Así que prácticamente no pasé por casa, ¡menos mal que dejé todo programado!
Empecé el mes con una escapada a una casa rural con visita a varios pueblos de Soria. Luego, aparte del que ya es casi un inútil segundo trabajo (buscar pisos), estaba la cita ineludible de todos los años: la Feria del Libro de Madrid.
Este año fue una decepción los dos sábados que fui. Mucha gente con la que había quedado me dejó tirada, no encontré todos los libros que había ido a buscar y solo asistí a un evento que, aunque interesante, no compensó todo lo demás. Por si fuera poco, saqué una nueva antología de relatos.
Por suerte, el fin de semana previo a mi cumpleaños me fui de vacaciones al valle del Loira, Normandía y Bretaña, y pude desconectar de verdad.

Julio: Avanzando proyectos
Buena parte del mes de julio me lo pasé enferma, así que no pude hacer demasiados planes al aire libre más allá de quedar con algunos amigos cuando estuve mejor e irme a ver Madama Butterfly al Teatro Real.
Como tengo jornada intensiva y pasé tanto tiempo en casa, avancé con la novela y además me puse seria con la migración de los blogs a esta web. Todavía quedan cientos de contenidos que pasar (casi 900, y eso que ya llevo unos cuantos centenares migrados), pero tengo un plan para hacerlo poco a poco y de manera sistemática. Aun así, va para largo.
También empecé a ponerme en marcha con el tema de la publicación de mi próxima novela. Estaba tanteando la posibilidad de una plataforma de mecenazgo. Pero hiciera lo que hiciera necesitaba una portada y tenía dos opciones. Me encantaba la dos, pero temía que se asociara a algo infantil, y es de fantasía adulta.
Tal y como pensaba, la opción 2 la votaron apenas cuatro personas, y recibí algunas sugerencias para que intentara cambiar el estilo de ilustración. Sin embargo, mi habilidad como ilustradora llega hasta donde llega ^^.
Al final, ganó por abrumadora mayoría (con cientos de votos, sumando distintas redes sociales) la opción uno, una vez descartados los haters y los comentarios que no aportaban nada. Pero sí que hice caso a algunas sugerencias, como cambiarle las tipografías o aclarar el color de las letras para que se leyera mucho mejor.
Por cierto, este mes también hablé de los mejores libros de suspense/thriller/policíaca….
Agosto: limpieza
Agosto en Madrid no motiva a la hora de salir a ningún sitio y la mayor parte de la gente que conozco está fuera. Por ese motivo, pasé mucho tiempo en casa y además en agosto no suelo publicar contenido nuevo.
Aparte de una horrible y temida limpieza general y de una terrible gastroenteritis (para un día que salgo…), me dio mucho tiempo para seguir con la migración de la web (acabé el mes con más de 600 entradas por migrar… no se ve final), avanzar con el proyecto «No somos marionetas de los dioses» y seguir con la novela histórica.
Septiembre: vuelta a la rutina
A mediados de septiembre acababa mi jornada intensiva y hubo que volver a la rutina. No estoy insatisfecha con lo que he podido hacer estos meses: más de la mitad de la novela terminada, buena parte del proyecto No somos marionetas de los dioses casi listo para imprenta, cientos de entradas migradas a esta web (aunque todavía quedan más de 600) y un montón de libros leídos. He trabajado mucho, así que hice un artículo sobre la inspiración y el trabajo duro.
En septiembre no solo cambió la rutina, sino también mi suerte con los pisos… o eso espero. He hecho una reserva y empezado a gestionar todo con el banco otra vez… A ver si a la tercera va la vencida.
También tuve vacaciones la última semana. Empecé con una visita al Teatro Real para ver Adriana Lecouvreur antes del viaje. Elegí Milán como destino, ya que mi última visita a esa ciudad fue demasiado corto y me quedó demasiado por explorar, tanto allí como en los alrededores…
La verdad es que en la propia ciudad me encontré varias decepciones: los dos museos que quería visitar del castillo Sforza (el de da Vinci y el de egiptología) estaban cerrados (cosa de lo que me enteré después de pagar, porque no lo indicaban en ningún sitio) y cuando fui a la catedral de Milán el último día me la encontré cerrada por un evento privado… Pero el cementerio monumental me enamoró y las excursiones al lago Como y a Suiza me parecieron flipantes.
Rematé la semana con una excursión en el tren de la Mancha Toledana.
Octubre: Pesadilla inmobiliaria
Octubre ha sido un mes intenso. Ya comenté que había vuelto a encontrar un piso que se ajustaba a mis necesidades, así que tocaba volver otra vez a hacer todo el proceso: tasar el piso, negociar con el banco (que no me ha financiado todo lo que esperaba, lo que me dejará sin un céntimo), firmar las arras y lidiar con toda la burocracia hasta poder decir que soy la (endeudada) propietaria de una vivienda. Pero no iba a ser tan fácil. El día antes de la firma, el notario, que no había leído debidamente los papeles, se dio cuenta de que faltaba algo imprescindible… algo que no iba a ser fácil de conseguir. Así que la angustia casi acabó conmigo. Existe una posible solución que se alargará en el tiempo al menos un mes, pero la pesadilla sigue y he tenido hasta que consultar a una abogada.
Aparte de eso, volvimos a la carga con el Club de Lectores, reflexioné sobre por qué me cuesta encontrar libros de diez, hice una visita a Alcalá del Júcar con uno de los trenes turísticos de Renfe y pulí casi todos los detalles antes de lanzar el Verkami de No somos marionetas de los dioses. Ya está la página de precampaña y me falta acabar de subir toda la información.
Noviembre: Crónica de un fracaso anunciado
Está claro que 2024 no es mi año. Lo de los pisos siguió estancado, así que, como ya anticipé en octubre, me puse a tope con Verkami para lanzar el mecenazgo de No somos marionetas de los dioses.
Ya desde el primer momento empecé a intuir que la cosa no era tan bonita como la vendían. Cuando lo primero que te dicen es que las primeras horas son críticas y que hagas lo posible por tirar de familiares y amigos para que salga adelante un proyecto, toca desconfiar. No me va lo de chantajear emocionalmente a mi gente para que compren mis libros. Si quieren hacerlo, genial, pero no me parece correcto ponerme pesada con el tema. Lo menciono y dejo a su elección si se interesan o no.
Por otro lado, a muchos de mis lectores no les hace gracia pagar por un libro que no podrán tener hasta dentro de meses, prefieren esperar a que salga el libro definitivamente. Y, para rematar, su pasarela de pago eligió el primer día para dejar de funcionar correctamente, así que algunos de los que intentaron hacer el pago renunciaron a hacerlo.
¿Y qué ha hecho la plataforma para ayudarme a promocionar el libro? Nada. Si hacemos caso a Google Analytics, de su página vinieron una friolera de 22 personas, y ninguna participó en el mecenazgo. Alguna se perderá por no haber aceptado cookies, pero un desastre, vamos. Ahora, mensajes de partners y gente que «quiere ayudar» (pago mediante por mi parte), he recibido a patadas. Y cuentan dentro del número de los que vienen de su página.
Queda muy poco para que acabe la campaña y está todavía muy lejos del objetivo. Quizás también fui muy ambiciosa. Cuatro ediciones (ebook, tapa blanda, tapa dura y tapa dura premium) suponen tres maquetaciones y un mínimo de libros por cada edición para sacarlos con una imprenta. Tendré que repensarlo todo y adaptarme a un presupuesto mucho más asequible y acotado. Todo en Amazon, nada de imprentas externas. Ahora bien, que ese proyecto más modesto lo haga con un mecenazgo… está por ver.
Aparte de esa decepción, me correspondía una semana de vacaciones. Me habría escapado a cualquier sitio, pero con la compra de una casa a la vuelta de la esquina y la ruina pendiendo sobre mi cabeza decidí que mejor me quedaba en casa y avanzaba con la novela histórica y otros proyectos.
También hice un top de libros para crecer profesionalmente, me escapé a la Galería de Colecciones Reales y avancé un poco con la interminable migración de la web.
Diciembre: Encarrilándose
Este mes de diciembre parece que las cosas fueron encarrilándose. Por fin pude hipotecarme (qué ruina) y comprarme el piso, lo que me ha quitado un gran peso de encima justo a tiempo para abordar todos los compromisos navideños. Me los tomo con calma, tal y como dije en este artículo sobre cómo abordar tanto compromiso en estas fechas, pero aun así es un mes agitado.
Y es que tenía que estar en forma. Coincidieron cumpleaños, team buildings, cenas y comida de Navidad con varios grupos, muchas expediciones de exploración a tiendas y puestos de libros de segunda mano (ya no recibo tantos), un concierto secreto de Ana Alcaide que cayó por sorpresa (¡y qué descubrimiento, pedazo de artista!)…
Por suerte, tuve unos cuantos días libres que me permitieron avanzar con mis proyectos. El mecenazgo en Verkami, tal y como había anticipado, fracasó, así que el libro quedó libre de nuevo para poner en marcha la autopublicación, reajustando bastante el tema de las distintas ediciones. Ya os contaré más en detalle próximamente. También avancé un poco con el proyecto Nefertari, habrá pronto novedades…





